Este pueblo medieval flotando sobre una colina esconde el oro blanco de Europa: 1.000 años vigilando tesoros gastronómicos que solo 5€ te permiten descubrir

Motovun emerge como una joya medieval desafiando la gravedad en la cima de una colina de Istria. Este pueblo amurallado de Croacia, habitado por apenas 1.000 personas, custodia algunos de los tesoros gastronómicos más codiciados del mundo: las trufas blancas. Su silueta coronada por el campanario de la Iglesia de San Esteban vigila el valle del río Mirna desde hace casi mil años, aunque pocos viajeros internacionales conocen su magia.

Un viaje al pasado entre murallas venecianas

Las imponentes murallas de Motovun, construidas durante el dominio veneciano en el siglo XIV, nos reciben como silenciosos testigos de batallas y conquistas. Por apenas 5 euros, podemos recorrer estos baluartes que ofrecen vistas panorámicas que quitan el aliento. El historiador local Marko Pavić explica:

«Motovun representa una de las fortificaciones medievales mejor conservadas de Istria, donde cada piedra cuenta una historia de resistencia».

El reino subterráneo de las trufas blancas

En los misteriosos bosques que rodean Motovun se esconde el oro culinario de Istria: las trufas. Los lugareños, acompañados por sus perros especialmente entrenados, mantienen viva la tradición centenaria de la búsqueda de este preciado hongo. Participar en una cacería de trufas es sumergirse en una experiencia sensorial inigualable que culmina con degustaciones que harían llorar a cualquier gourmet.

Calles empedradas que susurran leyendas

Al perderse entre las estrechas callejuelas empedradas de Motovun, es fácil imaginar las leyendas de gigantes que los abuelos susurran a los niños. Cuenta la tradición oral que un gigante llamado Veli Jože protegía a los habitantes del pueblo contra los opresores venecianos, simbolizando la resistencia de los istrianos frente a los dominadores extranjeros.

El néctar de los dioses en terrazas de piedra

Los viñedos que abrazan las laderas bajo Motovun producen algunos de los mejores vinos de Croacia. El Teran, un tinto robusto con matices de frutas silvestres, y la Malvasía, blanco aromático con notas cítricas, son imprescindibles en cualquier visita. Como en los pueblos costeros españoles, aquí las tradiciones vinícolas centenarias sobreviven al margen del turismo masivo.

Un festival de cine donde menos te lo esperas

Cada verano, este tranquilo pueblo se transforma durante el Festival de Cine de Motovun. Las plazuelas y murallas se convierten en improvisadas salas de proyección bajo las estrellas, atrayendo a cinéfilos y artistas independientes que buscan inspiración lejos del bullicio de grandes ciudades.

Gastronomía que cautiva los sentidos

El fuži con trufas, pasta artesanal local, constituye una experiencia sensorial comparable a los secretos gastronómicos de Marrakech. La chef Ana Tomić comparte:

«Nuestra cocina es simple pero profunda, conecta al visitante con la tierra; cada bocado cuenta la historia de Istria».

El mejor momento para visitar este tesoro escondido

Septiembre y octubre ofrecen la combinación perfecta: clima agradable, menos turistas y la emocionante temporada de trufas blancas. Además, como en otros destinos de viaje económicos para 2025, Motovun permite disfrutar de experiencias únicas sin arruinar el presupuesto.

La ruta de las bicicletas: Parenzana, un viaje al pasado

La antigua vía férrea convertida en sendero ciclista atraviesa paisajes de ensueño alrededor de Motovun. Similar a la experiencia de descubrir los lagos alpinos, pedalear por la Parenzana ofrece vistas que parecen sacadas de un cuento de hadas.

Un balcón hacia el valle del Mirna

Desde las terrazas de los cafés, contemplar el atardecer sobre el valle resulta hipnótico. Los rayos dorados bañan viñedos y bosques, creando un lienzo natural que cambia con cada estación. Esta experiencia rivaliza con las vistas desde las ciudades amuralladas del Adriático más famosas, pero sin las multitudes.

Motovun no es simplemente un destino; es una experiencia sensorial completa donde el tiempo parece detenerse. Sus calles empedradas, murallas centenarias y tesoros gastronómicos te transportan a una Croacia medieval auténtica que permanece intacta en el corazón de Istria, esperando ser descubierta por viajeros que buscan experiencias genuinas más allá de los circuitos turísticos tradicionales.